viernes, 4 de junio de 2010

AGUA PARA TODOS

Alexander Galindo Murcia
Ingeniero Agroecólogo


Hoy en el mundo hay más de 1.100 millones las personas que no tienen acceso al agua potable y 2.600 millones no disponen de sistemas de saneamiento adecuados. Mientras en países, como Estados Unidos, una persona consume casi 400 litros de agua al día, lo mismo que utilizaría un africano para sobrevivir un mes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que serían necesarios 11.300 millones de dólares al año para conseguir que se reduzca a la mitad el número de personas que no tienen acceso al agua potable, y cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para el año 2015.

Tan sólo el 2% del agua del planeta es agua dulce. Y cerca del 70% aún se encuentra congelada en los casquetes polares y los glaciares. Así, sólo el 1% del agua de nuestro "planeta azul" es apta para el consumo de las personas. Además, ese porcentaje tiene que compartirse para el consumo y la agricultura. Cerca del 70% del agua potable es utilizada para el riego de las cosechas. Desde 1960, el uso del agua para la agricultura ha aumentado en un 60%. El consumo durante el siglo XX se multiplicó por seis.

El acceso al agua es un derecho fundamental, ya que la vida no es posible sin ella. Cada año, mueren cerca de dos millones y medio de personas, la mayoría niños, por enfermedades relacionadas con las malas condiciones de abastecimiento de agua y la mitad de las camas de los hospitales de todo el mundo están ocupadas por personas que padecen enfermedades transmitidas por el agua, según Naciones Unidas. Con medidas tan sencillas como enseñar la importancia de lavarse las manos, se reducirían en un 45% los casos de diarrea en el mundo. La OMS ha estimado que las ganancias de productividad derivadas de una reducción de la diarrea, si se alcanzara el ODM relativo al agua potable y el saneamiento, superarían los 700 millones de dólares al año.

Las últimas proyecciones revelan que, si el ritmo de consumo de agua sigue como hasta ahora, en menos de 25 años dos de cada tres personas tendrán problemas para acceder al agua. Para el año 2030 se necesitará un 20% más de agua si el consumo sigue creciendo y el calentamiento global y el deterioro del medioambiente no se reduce. El precio del agua aumentará y muchos son los que baticinan que las próximas crisis mundiales y enfrentamientos bélicos tendrán como causa la escasez de agua. Organizaciones, como el World Watch Instituye, advierten que estos conflictos no los ganarán las naciones con más arsenal bélico sino las que más dinero tengan para comprar alimentos y agua para su población.

El futuro es desesperanzador, sin embargo está en nuestras manos cambiarlo. No sólo es un problema de los Gobiernos y organismos internacionales. No hay que esperar a que aparezcan ideas reveladoras o tecnologías que permitan mejorar la situación. Cada uno de nosotros podemos empezar a cambiar el futuro. Cerrar el grifo cuando nos lavamos los dientes o nos afeitamos, utilizar la lavadora o el lavavajillas cuando estén llenos, ducharnos en lugar de llenar la bañera… pero también exigir una gestión del agua responsable a las empresas y las Administraciones. Protestar porque los sistemas de abastecimientos de nuestras ciudades tienen pérdidas. A pesar de que la escasez del agua es un problema global, hay que hacer de ello un problema a escala humana para implicar a la sociedad civil y cambiar nuestros hábitos de consumo. Porque el agua es un derecho de todos.


El agua urbana

Durante el siglo XX, la población urbana mundial se multiplicó más de diez veces, mientras que la población rural sólo se duplicó.

En la actualidad, la mitad de la población mundial vive en centros urbanos, una diferencia considerable respecto al porcentaje de 1900 inferior al 15%.

El crecimiento demográfico y la expansión de las actividades económicas están imponiendo fuertes exigencias a los ecosistemas costeros y de agua dulce. Por ejemplo, desde 1900, las extracciones de agua se han multiplicado por seis, lo que representa el doble de la tasa de crecimiento demográfico.

En 1900, apenas existían ciudades con más de un millón de habitantes y no se conocían ciudades con más de 10 millones de habitantes. En 2000, existían 387 ciudades con más de un millón de habitantes de las cuales 18 tenían más de 10 millones de habitantes.

En la mayoría de las zonas urbanas de países de ingresos bajos y medios, entre el 25 y 50% de la población carece de servicios de abastecimiento de agua y saneamiento de una calidad que reduzca considerablemente el riesgo de contaminación humana por patógenos fecales-orales.

Debido al crecimiento de la población urbana, muchas de las grandes ciudades se han visto obligadas a importar agua de cuencas cada vez más lejanas, ya que las fuentes locales de aguas superficiales y subterráneas han dejado de satisfacer la demanda de agua, por agotamiento o contaminación.

En el año 2000, más de 900 millones de habitantes de zonas urbanas (casi un tercio de la población urbana mundial) vivían en barrios marginales. Un residente de un barrio marginal dispone de 5 a 10 litros de agua al día, mientras que un hogar de ingresos medios o altos de la misma ciudad puede consumir entre 50 y 150 o más litros al día.

En muchas regiones del mundo, se pierde entre un 30 y un 40% o más del agua debido a fugas en tuberías y canales, así como a la perforación ilegal.

Un análisis sobre abastecimiento de agua y saneamiento en zonas urbanas de diversos tamaños, llevado a cabo en 43 países de ingresos medios y bajos, demostró que en casi todos los casos las ciudades de menor tamaño son las peor abastecidas. El análisis señala que, en términos generales, el porcentaje de hogares que disponen de agua por cañerías o pozos locales o de instalaciones sanitarias, disminuye con el tamaño de la ciudad y que las poblaciones urbanas peor abastecidas son poblaciones de centros urbanos con menos de 100.000 habitantes.

La escasez del Agua

• La escasez de agua se produce cuando la cantidad de agua extraída de lagos, ríos o acuíferos es tan elevada que el abastecimiento de agua ya no puede satisfacer adecuadamente a todas las necesidades humanas o del ecosistema, incrementando la competencia entre las demandas potenciales.

• La escasez de agua también se define como una situación donde la disponibilidad de agua en un país o en una región se sitúa por debajo de los 1000 m3 por persona al año. Sin embargo, muchas regiones del planeta sufren una escasez mucho más severa, viviendo con menos de 500 m3 por persona al año.

• La escasez de agua se encuentra entre los principales problemas que deben afrontar muchas sociedades y el mundo entero en el siglo XXI. Durante el último siglo, el uso de agua ha aumentado a un ritmo más de dos veces superior a la tasa de crecimiento de la población, y aunque a nivel global no existe escasez de agua como tal, cada vez son más las regiones que padecen de escasez crónica de agua.

• Para el año 2025, 1.800 millones de personas habitarán en países o regiones con escasez absoluta de agua, y dos tercios de la población mundial podría vivir en condiciones de tensión hídrica.

• La escasez de agua genera graves problemas a poblaciones y sociedades. El agua disponible no es suficiente para la producción de alimentos ni para paliar el hambre y la pobreza de ciertas regiones, donde muy a menudo el crecimiento de la población supera la capacidad de garantizar el uso sostenible de los recursos naturales.

• Frente a una situación de falta de agua no se puede continuar con el desarrollo industrial, urbano y turístico sin haber impuesto, de antemano, ciertas restricciones a los distintos usuarios y haber adoptado políticas de distribución del agua tomando en cuenta otros sectores, principalmente la agricultura.

• En regiones con escasez de agua es muy probable que los recursos hídricos ya estén degradados, o sujetos a procesos de degradación tanto en términos de cantidad como de calidad, lo que agrava el problema de escasez de agua.

• Los problemas de salud asociados a la escasez de agua son frecuentes, no sólo porque el deterioro de las aguas superficiales y subterráneas favorece a enfermedades transmitidas por el agua, sino también porque la pobreza dificulta el desarrollo de sistemas adecuados de distribución de agua y de alcantarillado.

• A pesar de los acuerdos legales entre comunidades locales y entre países, siguen surgiendo conflictos relacionados con el agua en zonas con tensión hídrica, ya que resulta sumamente difícil compartir un recurso tan limitado y esencial.

• La pobreza asociada a la escasez de agua genera flujos migratorios de poblaciones dentro de los países o hacia otros países donde las personas van en busca de una mejor vida, pero donde corren el riesgo de no ser bien recibidas.

• En zonas con tensión hídrica, el agua destinada a la naturaleza se ha convertido en una prioridad baja o muy baja. Conservar los ecosistemas naturales se suele considerar un uso superfluo de agua en comparación con otros usos directamente relacionados con una vida saludable, como el uso doméstico y urbano, o con usos susceptibles de paliar la pobreza y el hambre, como los usos en la industria y en la producción de energía y alimentos. Sin embargo, cada vez se comprende más que los ecosistemas naturales, es decir los respectivos recursos genéticos, resultan útiles para la sociedad, y ya se están desarrollando esfuerzos destinados a proteger zonas de reserva, incluso en regiones con escasez de agua.



El agua y los niños

• La diarrea es la principal causa de muerte en los niños de países en vías de desarrollo. A pesar de su disminución, las enfermedades diarreicas continúan siendo la principal causa de muerte por enfermedades relativas al agua en los niños, siendo responsable del 21% del total de muertes de niños menores de 5 años en los países en desarrollo.
• Cerca del 61% de las muertes por diarrea en niños pequeños se atribuye al bajo peso (bajo peso por edad).
• Cada año, mueren aproximadamente 10,8 millones de niños antes de cumplir sus cinco años, y 4 millones de esos niños fallecen antes de llegar al mes de nacimiento. El 92% del total de muertes de niños menores de 5 años, ocurre en los 42 países de ingresos más bajos. Se estima que el 63% del total de muertes de niños menores de 5 años podría prevenirse usando los conocimientos y los métodos actuales, incluyendo la rehidratación oral ante la diarrea, los antibióticos para la neumonía, las redes protectoras contra mosquitos, las medicinas contra la malaria, mejores sistemas de suministro de agua y saneamiento, y la higiene doméstica.
• En los países más pobres, uno de cada cinco niños no logra sobrevivir a los primeros cinco años de vida, principalmente por las enfermedades infecciosas y del ambiente que determinan una mala calidad del agua.
• Unos 3.800 niños mueren todos los días por enfermedades relacionadas con la falta de acceso al agua potable segura, por un saneamiento inadecuado y por una higiene insuficiente.
• Los niños menores de cinco años son particularmente vulnerables a los impactos de los peligros del medio ambiente, desde los riesgos cotidianos por el saneamiento inadecuado y falta de agua potable, hasta incluso la muerte y daños por catástrofes y sus consecuencias. Los desórdenes psicológicos pos-traumáticos constituyen también un serio problema.


Si el ritmo de consumo de agua sigue como hasta ahora, en menos de 25 años dos de cada tres personas tendrán problemas para acceder al agua. No hay que esperar a que aparezcan ideas reveladoras o tecnologías que permitan mejorar la situación. Cada uno de nosotros podemos empezar a cambiar el futuro